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El mercenario reinado de la ley


07/29/2005

Mientras el senado se prepara para las audiencias de confirmación de John G. Roberts Jr. para la Corte suprema, muchas preguntas salen a la luz, no sólo sobre las opiniones, el pasado, la ideología y la filosofía jurídica del candidato, pero también sobre la esencia de la ley y la justicia y, nos atreveremos a decir, el sistema judicial de EE.UU. en particular.

¿Hay algún fundamento sólido para la ley? ¿Hay algo inmutable sobre lo que es la justicia y en qué se basa?

Estos temas pueden parecer traídos por los pelos en el contexto de una nominación para la Corte Suprema, pero son el trasfondo de todo el debate. La Casa Blanca se ha negado a hacer públicos partes del expediente del candidato y no se ha comprometido a revelar siquiera sus declaraciones de impuestos. Esto nos permite creer que esos documentos no revelados podrían hacer peligrar la confirmación de Roberts.

Pero lo que es más sorprendente es la forma en que los expertos de derecha e izquierda han dicho que sería injusto juzgar el expediente de Roberts, sus verdaderos sentimientos, su filosofía jurídica y sus preferencias alimentarias por su defensa de las posiciones del gobierno de Bush padre o de Reagan, porque esas no eran sus posiciones u opiniones, sino las de sus clientes.

En esencia, él estaba o podría haber estado defendiendo opiniones con las que él estaba en desacuerdo a nivel profesional y personal.

Sin dudas, el más de 60% de los estadounidenses que consideran que Roe vs. Wade es ya la ley establecida y desean que permanezca así, esperan que Roberts esté igual de dispuesto a ignorar sus opiniones personales y a respetar los deseos de su cliente: el pueblo estadounidense.

Pero ya hemos visto al Fiscal General Alberto González preparando el terreno para revocar esta ley, al explicar que la Corte Suprema no está obligada a respetar los antecedentes jurídicos.

Pero, de vuelta a las generalidades. Es sorprendente que estemos ya tan acostumbrados a que la justicia se haga de acuerdo a la cantidad de dinero que uno tiene para costearse el mejor abogado, que ya ni nos erizamos al escuchar que Roberts puede haber defendido posiciones en las que no creía.

O, lo que es peor, que él y quienes le apoyan estén tan dispuestos a decir que él no está de acuerdo con esas opiniones, sólo para ganar la confirmación. Nótese que ellos no dan muchos detalles de cuáles posiciones él apoyó de todo corazón y en cuáles Roberts “sólo era un empleado”.

Algunos están peleando por el derecho de los farmacéuticos de no vender algunos medicamentos por receta si ellos tienen objeciones de consciencia, pero no hay ningún problema en tener un candidato a la Corte Suprema que defiende las posiciones de sus clientes aunque estas contradigan sus convicciones morales.

Hemos ido un poco lejos en privilegiar al dinero sobre la ley... ¿Cuán lejos estamos dispuestos a llegar?