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| ¿CAFTA: comercio libre
unilateral? |
Más
de mil trabajadores de Estados Unidos y República Dominicana
y líderes sindicales y políticos se unieron este
martes, 10 de mayo, en una manifestación y conferencia
de prensa para expresar su oposición al CAFTA y a otros
acuerdos de libre comercio que, ellos dicen, afectan el mercado
de trabajo en Estados Unidos y no benefician a las economías
latinoamericanas.
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| Washington Hoy
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| 2003 GDP/PBI (click para ampliar) |
Por Por Valéria Chalegre,
Corresponsal en Rio de Janeiro 05/06/2005
El Tratado de Libre Comercio de Centro América entre Estados
Unidos, Honduras, Guatemala, El Salvador, Costa Rica y Nicaragua
fue acordado en diciembre del 2003 y firmado el 28 de mayo del
año siguiente, con apenas doce meses de negociaciones entre
los participantes, en la Organización de Estados Americanos
(OEA) en Washington, DC. Todavía no está en
vigor, pero el acuerdo no cesa de generar controversias.
Al principio, Costa Rica rehusó adherirse al acuerdo, pero cambió
de idea en enero del 2004. Por su parte, los Estados Unidos
negociaron un tratado bilateral con la República Dominicana,
con los ojos fijos en su futura adhesión al CAFTA (siglas en
inglés de Central American Free Trade Agreement), lo cual acabó
aconteciendo en agosto del mismo año. Desde entonces, el acuerdo
fue rebautizado oficialmente como "United
States - Dominican Republic - Central América Free Trade Agreement",
o simplemente US-DR-CAFTA.
Para entrar en vigor, el acuerdo todavía requiere aprobación
del congreso de Estados Unidos en una votación simple de sí
o no y ratificación por los países de América Central. Hasta
principios del 2005, El Salvador es el único país que ya ratificó
su entrada en el CAFTA. Esta resistencia de los otros países
no es casual.
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| Washington Hoy
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| Interesting Facts (click para
ampliar) |
El CAFTA ha causado múltiples, constantes y calurosas manifestaciones
contrarias, especialmente en función de exigencias de los Estados
Unidos. Con promesas de crear nuevas oportunidades económicas,
el CAFTA es un acuerdo complejo y trae regulaciones para diversos
sectores económicos y sociales, como agricultura, telecomunicaciones,
inversiones, comercio y servicios (desde la distribución de
agua hasta el juego). Principalmente, el acuerdo determina importantes
reducciones en las tarifas de importación entre los países participantes,
con el objetivo de estimular el comercio y promover la mutua
prosperidad. Fuerte oposición Según
sus opositores, el CAFTA sirve principalmente a los Estados
Unidos, pues ofrece a sus empresas derechos, extensos y abusivos,
para operar en América Central. Aunque algunos sectores de EE.UU.,
como los productores de azúcar, se sienten amenazados por el
acuerdo, los opositores de CAFTA piensan que las amenazas son
mucho mayores para los países de América Central, los cuales,
al entrar en el acuerdo, abren sus economías y mercados -públicos
y privados - para el libre acceso de las empresas estadounidenses,
en general mayores y más poderosas que las locales, en condiciones
de igualdad ilusoria, si se tiene en cuenta las notables diferencias
de fuerza entre los contrincantes.
Muchas de las protestas giran en torno a la pérdida de empleos
y de las dificultades que los países menos industrializados
tendrán para competir con los productos estadounidenses, especialmente
los agrícolas, fuertemente subsidiados por el gobierno de EE.UU.
"CAFTA también define muy ampliamente lo que constituye
una expropiación, así como la compensación debida a los inversionistas
en caso de que ocurra una expropiación", dice Kevin P. Gallagher,
investigador asociado del Instituto de Desarrollo Global y Medio
Ambiente de la Tufts University. "Ciertamente, los EE.UU. no
quieren que otros gobiernos nacionalicen firmas estadounidenses".
Para Gallagher, el secreto de CAFTA es que deja abierta la posibilidad
de que tribunales ad hoc interpreten regulaciones sociales y
medio ambientalistas como "expropiación indirecta". Lo que es
pero, las firmas mismas (en vez de que sean las naciones quienes
levantan una demanda en nombre de la firma como el la Organización
Mundial del Comercio) pueden poner un juicio para recibir compensación
masiva de los gobiernos extranjeros. "Por ejemplo,
la firma estadounidense Occidental Petroleum aprovechó el acuerdo
de inversión entre EE.UU. y Ecuador para quejarse de la decisión
de Ecuador de cancelar unos rebates tributarios. Occidental
recibió 71 millones de dólares más intereses", resalta Gallagher.
Una cuestión de salud
Otro aspecto ha recibido especial atención de las organizaciones
civiles que liderean la lucha contra el CAFTA: la protección
de las industrias farmacéuticas estadounidenses. De la forma
en que fue formulado por los EE.UU., el CAFTA incluye una exhaustiva
reglamentación sobre patentes, derecho autoral y otras formas
de protección del conocimiento.
Vale recordar que, aunque los países del CAFTA ya son miembros
de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y ya cumplen exigencias
de un sistema de patentes al estilo de los EE.UU., las reglas
para adherirse al CAFTA son todavía más rigurosas.
Para la OMC, la protección de patentes es de 20 años para todos
los productos, incluidos los medicamentos. Existen, de todos
modos, algunas excepciones como, por ejemplo, el derecho de
un país a otorgar licencias obligatorias, o sea, autorizar la
competencia de genéricos para productos con patentes todavía
en vigor, cuando hubiese una emergencia de salud pública. Esta
garantía es vital, principalmente para los llamados países en
vías de desarrollo, donde el acceso a los medicamentos es precario
y muchas veces financieramente inalcanzable para gran parte
de la población.
El monopolio de las patentes da carta blanca a la industria
para cobrar el precio más lucrativo posible, aunque eso impida
el acceso de amplios sectores de la población a medicamentos
esenciales, como es el caso de los retrovirales para el tratamiento
del SIDA.
A modo de ejemplo, en Brasil en los últimos seis años el precio
de una terapia contra el SIDA basada en tres medicamentos bajó
un 98%, gracias a la quiebra de patentes promovida por el gobierno
brasileño. La medida, con base en esta excepción estipulada
por la OMC, no sería posible si el Brasil fuera parte del CAFTA.
Según la propuesta de los EE.UU., países como Guatemala no tendrán
más el derecho de licenciar medicamentos genéricos para ayudar
a su población. Los EE.UU., para aceptar la inclusión de Guatemala
en el CAFTA, impuso la condición de la retirada de la ley local
que promovía la competencia entre los genéricos que resulta
en la disminución de los precios de las medicinas. A pesar de
las intensas protestas en las calles guatemaltecas, incluso
la manifestación de los portadores del VIH, el Congreso del
país aceptó las condiciones.
Actualmente, en Guatemala hay alrededor de 80 mil personas infectadas
con el VIH. El atazanavir, desarrollado por la Bristol-Myers
Squibb, por ejemplo, es uno de los medicamentos utilizados en
el tratamiento contra el SIDA. Su precio es de cerca de los
10 mil dólares por paciente por año. El presupuesto de Guatemala
no da para cubrir la atención de sus pacientes a semejantes
costos. Según las reglas del CAFTA, aunque se desarrollase una
versión genérica del atazanavir este año, esta no podría entrar
al mercado guatemalteco hasta el 2009, para proteger los derechos
de Bristol-Myers Squibb, que tendrá el monopolio durante todo
este período. Esta medida excluirá el acceso de la mayoría de
los pacientes a esta medicina, arriesgando a un tiempo, la vida
de los pacientes y la expansión de la epidemia del SIDA.
Contrapunteo
Por otra parte, varios otros acuerdos entre países con economías
desiguales surtieron efectos positivos, a mediado y largo plazos,
para la sociedad en su conjunto. Es el caso de la Comunidad
Europea, que unió a países tan diferentes como Portugal e Inglaterra,
con incontables ventajas para ambos.
Podría ser el caso del NAFTA, según quien lo analice, pues el
acuerdo de México con Estados Unidos, trajo un crecimiento del
ingreso per capita a 9 mil dólares, el doble de la media nacional,
en ciudades como Monterrey. Cinco estados mexicanos de la frontera
con Estados Unidos se beneficiaron del desvío de las operaciones
de empresas de EE.UU. a su territorio, creando empleos, generando
ingresos y también protestas entre los vecinos del norte.
En el resto de América Latina hay discusiones semejantes con
respecto al ALCA, amplio acuerdo entre 34 países, incluidos
los EE.UU. El consultor de empresas Petrucio Chalegre, brasileño,
considera que para que las empresas sobrevivan tienen que encontrar
nichos de especialización, pues no es posible competir en igualdad
de condiciones, cuando la desigualdad es notable.
"Las empresas de países de economías emergentes, como los de
la América Central, tarde o temprano verán gigantes por delante
y tendrán que escoger la modalidad y el terreno en que van a
luchar", explica Chalegre. Para el consultor,que atiende grandes
empresas exportadoras brasileñas, como Sadia y Alpargatas, la
apertura ocurrirá inevitablemente, pues, piensa, existen más
beneficiados que perjudicados. "A los gobiernos les
corresponde luchar sin ingenuidad, que no existe en las mesas
internacionales, para que las reglas que los perjudican no sobrevivan
dentro de la apertura". El consultor recomienda a los jugadores
que se preparen estratégicamente para el fin de las fronteras
comerciales, pues, como la revolución industrial, este es un
destino irrevocable, un movimiento internacional sin marcha
atrás. |
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