Por Kimberly Stanton
05/06/2005
El 20 de abril, la legislatura ecuatoriana votó
para destituir al presidente Lucio Gutiérrez. ¿Qué
pasó y qué significa?
La destitución de Gutiérrez estuvo antecedida de meses
de tensiones. En noviembre, el presidente y sus aliados derrotaron
un intento de la oposición de enjuiciarlo políticamente
por corrupción. Envalentonada, la mayoría congresista
pro Gutiérrez utilizó esa ventaja para de forma ilegal
cambiar las cortes de justicia, y reemplazarlas con jueces aliados
con el gobierno.
La abiertamente inconstitucional acción fue fuertemente condenada
a través del país. Los ciudadanos protestaron, lamentando
el “secuestro y muerte” de la Constitución ecuatoriana
para lo que organizaron varias vigilias en las afueras de la Corte
Suprema. La decisión de la nueva corte de darle inmunidad
a un ex presidente acusado de corrupción exacerbó
los ánimos.
En abril 12 el gobierno rompió su promesa de apoyar la legislación
de reforma judicial. El 14 de abril, estaciones comunitarias llamaron
a las personas a las calles. La próxima noche, Gutiérrez
se vio forzado a anunciar la destitución de la corte de facto.
Pero al mismo tiempo impuso un estado de emergencia para parar las
protestas, a pesar de que el jefe del Ejército, Luis Aguas,
no apoyó la decisión.
Aguas no acompañó al Presidente la noche en que hizo
el anuncio.
Sin embargo de esto, el pueblo decidió no bajar los brazos.
Los negocios llamaron a una protesta general; miembros del Congreso
llamaron a una sesión de emergencia y las organizaciones
sociales exigieron la renuncia del Presidente.
En la noche del sábado, el Presidente se vio obligado a levantar
el estado de emergencia, lo cual no calmó los ánimos.
Una reunión del pueblo el martes 19 de abril, atrajo a cientos
de miles de personas.
Las familias trajeron a sus niños, pero cuando la gente decidió
marchar hacia el palacio presidencial, se encontraron con policías
y gases lacrimógenos. Funcionarios del gobierno hicieron
arreglos para llevar a “partidarios del gobierno” a
Quito, muchos de ellos armadas.
En miércoles en la mañana, el comandante nacional
de Policía renunció y el Congreso, frente a la tremenda
presión ciudadana, se dividió. 62 de sus 100 miembros
votaron para destituir al Presidente, y juramentaron al vicepresidente
Alfredo Palacios como el nuevo Jefe de Estado. Poco después,
el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas le quitaron el apoyo
a Gutiérrez. Palacio se movió de forma rápida
para nombrar a un nuevo gabinete ministerial y ha continuado tomando
medidas para estabilizar el control del gobierno. Mientras tanto,
Gutiérrez está exiliado en Brasil.
La mayoría de los comentadores de estos eventos han visto
la situación a través del lente de la crisis política
y la inestabilidad. La preocupación por la inestabilidad
es entendible: ésta es la tercera vez en ocho años
que un presidente ecuatoriano es destituido por protestas populares.
Pero el énfasis en la crisis política pierde su argumento
principal: por meses, los ecuatorianos han defendido su Constitución
y su democracia, demandando responsabilidad política.
El Presidente Gutiérrez y sus aliados desataron la cadena
de eventos que culminaron con su salida con su intervención
ilegal en el sistema de justicia. Grupos de Derechos Humanos condenaron
la salida de los jueces en diciembre, pero no todos los que dicen
favorecer la democracia en América Latina fueron muy expresivos.
Por ejemplo, la embajada de Estados Unidos en Quito dijo muy poco
sobre la purga.
Pero la opinión pública ecuatoriana fue clara en denunciar
que la medida era ilegal y que no había sido revertida. La
salida de Gutiérrez es liberadora para muchos porque para
ellos significa que la salida de la persona responsable de violar
la Constitución se marchó.
El voto de la comunidad internacional está todavía
fuera. Una misión de la OEA está en Ecuador esta semana,
y el gobierno de Estados Unidos tiene aun que decidir si reconocer
al nuevo gobierno. Los 62 votos en contra de Gutiérrez pudieran
haber no tenido la suficiente fortaleza para sacar a Gutiérrez,
sin embargo, forzar el regreso de Gutiérrez es impensable.
El reto para el gobierno de Palacio es reconciliar la legitimidad
derivada del voto popular. Palacio era el vicepresidente, un civil,
promete que el Ejecutivo no intervendrá en el poder judicial
otra vez y se ha comprometido a reformar las instituciones políticas
de Ecuador. Por lo menos ahí hay un lugar donde empezar.
Kimberly Stanton is Deputy Director, Washington
Office on Latin America
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